martes 17 de febrero de 2026

Arquitectura

Edificios que se mueven con el viento: La ingeniería secreta que evita que los rascacielos se caigan

Lejos de ser una falla estructural, que un rascacielos se balancee es una señal de seguridad. La ingeniería moderna diseña torres capaces de moverse varios centímetros, e incluso metros, para resistir vientos extremos y terremotos sin sufrir daños.
17/02/2026

En las grandes ciudades del mundo, los rascacielos dominan el horizonte y simbolizan progreso, tecnología y poder económico. Sin embargo, lo que pocos saben es que estas gigantes estructuras no son completamente rígidas: están diseñadas para moverse. Detrás de esa aparente solidez existe una compleja ingeniería que permite que los edificios más altos del planeta resistan fuerzas extremas sin colapsar.

No es un error: los edificios altos deben moverse

Cuando el viento golpea una torre de gran altura, genera fuerzas laterales que pueden ser enormes. Si la estructura fuera completamente rígida, esas tensiones se concentrarían en puntos críticos y podrían provocar fisuras o colapsos. Por eso, los ingenieros calculan los edificios para que tengan flexibilidad controlada.

Ese movimiento es casi imperceptible para las personas, pero puede medirse con instrumentos de precisión. En torres de más de 300 metros, el desplazamiento en la cima puede alcanzar entre 30 y 60 cm en tormentas fuertes

El sistema clave: amortiguadores gigantes

Muchos rascacielos utilizan dispositivos llamados amortiguadores de masa sintonizada (TMD). Son enormes bloques de acero o concreto suspendidos dentro del edificio que actúan como contrapeso. Cuando el viento empuja la torre hacia un lado, el amortiguador se mueve en sentido contrario y reduce la oscilación.

Uno de los casos más famosos es el del Taipei 101, que tiene una esfera de acero de 660 toneladas colgada entre los pisos 87 y 92. Los visitantes pueden verla en funcionamiento, algo poco habitual en ingeniería estructural. 

El récord mundial también se mueve

El edificio más alto del mundo, el Burj Khalifa, fue diseñado para soportar vientos del desierto que superan los 160 km/h. Su forma escalonada no es solo estética: rompe las corrientes de aire y evita que se formen remolinos que podrían hacerlo vibrar peligrosamente.

Su núcleo central de hormigón armado y el sistema de alas estructurales distribuyen las cargas de viento de manera uniforme, reduciendo la necesidad de grandes amortiguadores visibles. 

Ingeniería antisísmica y aerodinámica

En regiones con terremotos frecuentes, como Japón, los rascacielos combinan flexibilidad con sistemas de aislamiento sísmico. La torre Tokyo Skytree, por ejemplo, tiene un pilar central independiente que actúa como “columna vertebral” y se mueve de forma distinta al resto de la estructura para disipar energía sísmica. 

¿Cuánto pueden moverse sin que se note?

El límite de diseño no se define solo por la resistencia estructural sino también por el confort humano. Estudios muestran que las personas empiezan a percibir el balanceo cuando la aceleración supera ciertos valores mínimos, similares a la sensación de estar en un barco. Por eso, los ingenieros calculan no solo que el edificio no se caiga, sino que no maree a quienes trabajan o viven en él

La paradoja de la estabilidad

En construcción moderna, la verdadera solidez no significa rigidez absoluta sino elasticidad controlada. Un rascacielos que no se mueve es, en realidad, más peligroso que uno que sí lo hace.

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