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Opinion

Repensando la industria de la construcción para el desarrollo del hábitat

04/10/2021 - Por Juan Francisco Barbieri, gerente de Innovación y Sustentabilidad de Barbieri

El Día Mundial del Hábitat se celebró por primera vez en 1986 bajo el tema “La vivienda es un derecho”, buscando interpelar el rol de todos los actores de la sociedad para uno de los mayores desafíos de esta época. Por eso, hoy en día, resulta esencial repensar una pregunta aún no consensuada: ¿Cuál es el rol de las empresas del rubro de la construcción frente al déficit habitacional?  

En esa línea, es fundamental comprender que el desarrollo de viviendas sostenibles es un componente central para generar procesos de urbanización inclusiva. Si se analiza la situación actual, más de la mitad de la población mundial vive en zonas urbanas, y se espera que dicha cantidad aumente hasta el 60% para 2030, es decir aproximadamente 5.000 millones de personas más que realizarán este movimiento. A su vez, el impacto ambiental de esas zonas, las ciudades y las áreas metropolitanas representan alrededor del 70% de las emisiones de carbono mundial y, además, más del 60% del uso de los recursos. Esto significa una gran contaminación ambiental por parte de la industria constructiva tradicional y falta de eficiencia en la utilización de los insumos para edificar y llevar a cabo las obras.  

Por otro lado, actualmente, hay un promedio de 883 millones de personas viviendo en barrios marginales, y esta cifra se estima que crecerá, debido al impacto del Covid-19 que estamos viviendo. En Argentina, según datos oficiales del ReNaBaP (Registro Nacional de Barrios Populares), existe un déficit habitacional de 3.8 millones de hogares, siendo cerca de 1.6 millones de tipo cuantitativo. A su vez, se observa que un 68% de dichos barrios no tiene acceso formal a la energía eléctrica, en el 89% no existen conexiones a la red de agua potable de manera formal y el 98% no accede formalmente al sistema cloacal. Esto, sin lugar a duda, representa una urgencia latente del país que es necesario que sea interpelada por las organizaciones, como actores de la sociedad.  

En tanto, si profundizamos en la cadena de valor de la construcción, podemos afirmar que es un sistema complejo, pero, sobre todo, desarticulado si no se tiene una visión colectiva entre todas las partes. Esto provoca que, los actores se enfoquen en un punto de vista individual, buscando su propio beneficio económico. Desde este lugar, considero que es relevante comprender que construir propuestas reales para cooperar con una problemática multidimensional y multicausal exige un abordaje sistémico entre todas las partes.

Hoy más que nunca, es imprescindible que se genere esa articulación diferente y estratégica entre los sectores privados, públicos y sociales, donde se construya una visión compartida por un propósito superior e integrador. Particularmente, las organizaciones del rubro constructivo deben asumir responsabilidades extendidas para el desarrollo del hábitat sostenible en sus comunidades. Para esto, es fundamental repensar el sentido de éxito y evolucionar hacia una economía de impacto que incorpore la voz de las comunidades en situación de vulnerabilidad en pos de brindar soluciones reales a este déficit perverso que se acrecienta.


Juan Francisco Barbieri, gerente de Innovación y Sustentabilidad de Barbieri

Como Gerente de Innovación y Sustentabilidad en una empresa familiar de soluciones constructivas para Steel Frame, elegimos repensar nuestro rol. Mediante un sistema abierto con perfiles de acero galvanizado de muy bajo espesor, una de sus características fundamentales, son su condición de montaje en seco, lo cual reduce considerablemente el uso de recurso hídrico y la eficiencia energética que se obtiene para las viviendas de hasta un 60% respecto a la construcción húmeda convencional. Cabe destacar que actualmente es comúnmente utilizado en estratos de mayor poder adquisitivo. Motivo por el cual, buscamos innovar y trabajar en la deconstrucción de esta tecnología para transformarla en progresiva, modular y asequible, centrados principalmente en las necesidades y el beneficio de comunidades en situación de vulnerabilidad y que sea accesible para todos. Como sostiene mi amiga Maia Irazu, Coordinadora General de la Fábrica Social de TECHO, "En la innovación sistémica está la clave, tenemos que crear el unicornio del acceso al hábitat. Teniendo en cuenta que quien inventó el unicornio simplemente unió piezas que ya existían de forma diferente y creativa con un propósito superador".

Con la alianza entre organizaciones, podremos asumir un rol activo con un enfoque colaborativo para transformar el déficit habitacional en una demanda concreta y realizable – factible y coincidente con una oferta de soluciones constructivas asequibles y sostenibles. De esta forma, estoy convencido de que construiremos una industria de impacto que coopere, desde lo que hace y ofrece, al desarrollo sostenible del hábitat.


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