2026-07-31

Actualidad

Alquilar una vivienda en Argentina requiere un desembolso inicial cercano a los $3,5 millones

Un informe de Tejido Urbano advierte que el costo inicial para alquilar una vivienda está cercano a los $3,5 millones entre depósito, adelanto, seguro de caución y expensas.

El acceso a una vivienda en alquiler se transformó en uno de los mayores desafíos económicos para los hogares argentinos. Más allá del valor mensual del alquiler, quienes buscan firmar un contrato deben afrontar un desembolso inicial que, en muchos casos, equivale a varios meses de ingresos.

Un informe elaborado por Tejido Urbano señala que ingresar a un departamento en alquiler puede demandar actualmente una cifra cercadna a los $3,5 millones, un valor que contempla el depósito, el mes de alquiler por adelantado, el seguro de caución y las expensas iniciales. El estudio sostiene que este costo representa una barrera cada vez mayor para acceder a una vivienda y refleja el deterioro del poder adquisitivo de los hogares.

Alquilar una vivienda puede requerir $3,5 millones de desembolso inicial

Tomando como referencia un departamento de dos ambientes con un alquiler promedio de $781.021 mensuales, el informe explica que el inquilino debe afrontar, como mínimo, el pago de un mes de depósito y un mes de alquiler adelantado, lo que representa un desembolso inicial de $1.562.042.

A ese monto se suma el costo del seguro de caución, calculado sobre el valor del alquiler y unas expensas estimadas en $200.000 mensuales, lo que eleva el costo de ingreso a una vivienda hasta un rango de entre $2.974.712 y $3.327.880. Si además se incorpora el pago inicial de las expensas, el desembolso supera los $3,5 millones, sin considerar otros gastos habituales asociados a una mudanza, como fletes, conexiones de servicios, compra de mobiliario o pequeñas refacciones.

El alquiler genera una nueva "pobreza invisible"

Más allá del costo para ingresar a una vivienda, el informe pone el foco en un fenómeno que denomina "pobreza invisible". Según Tejido Urbano, las mediciones tradicionales de pobreza no descuentan el dinero que los hogares destinan al alquiler. Cuando ese gasto se incorpora al cálculo de los ingresos disponibles, la realidad cambia significativamente.

El estudio estima que más de 233.000 personas en la Ciudad de Buenos Aires descenderían de estrato socioeconómico debido al peso que representa el alquiler sobre sus ingresos.

En ese escenario, la tasa de indigencia pasaría del 1,9% al 6,9%, mientras que la pobreza aumentaría del 7% al 9,7%. Para los investigadores, estos resultados evidencian que una parte importante de la clase media sostiene esa condición únicamente porque las estadísticas oficiales no consideran el costo de acceder a una vivienda.

La vivienda propia se aleja cada vez más

De acuerdo con las últimas estimaciones disponibles, alrededor de uno de cada tres hogares porteños reside en una vivienda alquilada, lo que representa entre 425.000 y 500.000 hogares según la fuente estadística considerada. En términos poblacionales, esto implica que más de un millón de personas viven bajo un régimen de alquiler.

El informe también muestra cómo cambió la trayectoria habitacional de los argentinos durante las últimas dos décadas. Mientras que en 2005 la mayoría de las personas lograba pasar del alquiler a la vivienda propia entre los 30 y los 35 años, actualmente ese equilibrio recién se alcanza alrededor de los 45 años.

Esta postergación responde, principalmente, a la dificultad para acceder al crédito hipotecario. Según el relevamiento, solo uno de cada cinco hogares inquilinos cuenta hoy con ingresos formales suficientes para calificar a un préstamo, mientras que el resto permanece durante muchos más años dentro del mercado de alquileres.

Los alquileres aumentan menos, pero el problema sigue siendo el ingreso

El trabajo también identifica un cambio en la evolución de los precios de los alquileres: Entre junio de 2025 y junio de 2026, los valores aumentaron 27,5%, por debajo de la inflación general del período, que alcanzó el 31%. Se trata de una desaceleración que marca una diferencia respecto de los años anteriores y que refleja una mayor estabilidad del mercado tras la derogación de la Ley de Alquileres.

Sin embargo, Tejido Urbano advierte que esta moderación en los aumentos todavía no representa un alivio para la mayoría de los inquilinos. El salario real continúa aproximadamente 23% por debajo de los niveles registrados en 2016, lo que limita la capacidad de los hogares para afrontar el conjunto de los gastos vinculados a la vivienda.

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