2026-02-10

Mercado inmobiliario

El nuevo lujo urbano: vivir cerca de todo, ganar tiempo y depender menos del auto

La cercanía, la movilidad y el tiempo libre se consolidan como los nuevos valores aspiracionales en las grandes ciudades. Una tendencia global que ya impacta en el mercado inmobiliario y redefine qué significa hoy “vivir bien”.

La cercanía, la movilidad y el tiempo libre se consolidan como los nuevos valores aspiracionales en las grandes ciudades. Una tendencia global que ya impacta en el mercado inmobiliario y redefine qué significa hoy “vivir bien”.

Durante décadas, el lujo estuvo asociado a la ostentación visible: grandes superficies, ubicaciones exclusivas y bienes materiales como símbolo de estatus. Sin embargo, en las principales ciudades del mundo, y también en Buenos Aires, esa lógica comenzó a perder fuerza. En su lugar, emerge una nueva definición de lujo, más silenciosa y funcional, que prioriza la proximidad, la autonomía de movimiento y, sobre todo, el tiempo disponible.

Cada vez más personas, especialmente dentro de las clases medias y altas jóvenes, buscan vivir cerca de todo: trabajo, servicios, espacios verdes, oferta gastronómica y cultural, con distancias caminables o recorridos cortos en transporte público. La posibilidad de no depender del auto dejó de ser una incomodidad para transformarse en un atributo de valor, tanto desde lo económico como desde lo ambiental y lo cotidiano. Menos traslados implican menos estrés, más tiempo propio y una relación más directa con el entorno urbano.

Este cambio de paradigma no es casual. La era de la ostentación abierta parece haber quedado atrás, reemplazada por una lógica donde el verdadero diferencial es tener tiempo para hacer lo que a uno le gusta.

Viajar más, trabajar de manera flexible, cambiar de ciudad por períodos cortos o incluso vivir algunos meses al año en otros países son aspiraciones que ganan terreno frente a la acumulación de bienes. En ese esquema, la vivienda deja de ser solo un refugio físico y pasa a ser una pieza clave dentro de un estilo de vida más móvil y adaptable.

Desde el punto de vista del sector inmobiliario, esta tendencia ya empieza a reflejarse con claridad. Desarrolladores, arquitectos y urbanistas ajustan sus propuestas hacia proyectos bien ubicados, integrados al tejido urbano, con menor dependencia del automóvil y mayor cercanía a nodos de actividad. La ubicación vuelve a ocupar un rol central, pero resignificada: ya no se trata solo de prestigio, sino de calidad de vida real y medible.

Los expertos en consumo de alto nivel coinciden en que esta transformación responde a una generación que prioriza las experiencias por sobre el gasto en bienes durables. Restaurantes, viajes, bienestar y tiempo libre pesan más en la toma de decisiones que el tamaño de la vivienda o la exhibición de estatus. En ese contexto, barrios con buena conectividad, servicios consolidados y vida urbana activa se posicionan como los más demandados, incluso por sobre zonas tradicionalmente consideradas premium.

En ciudades densas y complejas, donde el tiempo se volvió un recurso escaso, la posibilidad de resolver la vida cotidiana a pocos minutos de casa se transforma en un activo tangible. Caminar al trabajo, llegar rápido a un café, a un gimnasio o a un espacio verde, o simplemente evitar horas perdidas en traslados, redefine el concepto de bienestar urbano.

Así, el mercado inmobiliario enfrenta un cambio profundo: ya no se trata solo de construir metros cuadrados, sino de crear entornos que devuelvan tiempo. En un mundo cada vez más acelerado, ese parece ser, hoy, el verdadero lujo.

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