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Construcción: qué tareas ya hacen los robots y cómo cambia el trabajo en la obra
La robótica ya dejó de ser una promesa futurista para convertirse en una realidad concreta dentro de la construcción. En distintas partes del mundo, y de manera incipiente también en Argentina, comienzan a verse robots capaces de colocar ladrillos, realizar soldaduras estructurales y asistir a los trabajadores mediante exoesqueletos, marcando un punto de inflexión en un sector históricamente intensivo en mano de obra. El avance tecnológico busca responder a tres desafíos centrales: aumentar la productividad, reducir errores constructivos y mejorar la seguridad laboral en obra.
Este proceso no implica la sustitución del trabajador, sino una reconfiguración del trabajo en obra, donde la automatización se enfoca en tareas repetitivas, pesadas o de alto riesgo, mientras que las personas asumen roles de supervisión, control y operación técnica. En un contexto de costos crecientes, plazos ajustados y escasez de mano de obra calificada, la robótica aparece como una aliada estratégica para la construcción moderna.
La colocación de ladrillos es una de las actividades donde la robótica muestra mayor potencial. Los denominados robots albañiles pueden ejecutar muros completos siguiendo planos digitales y sistemas de posicionamiento láser, logrando una precisión constante y una velocidad difícil de igualar con métodos tradicionales. Esta tecnología permite reducir desperdicios de material, minimizar errores de alineación y avanzar de manera sostenida durante largas jornadas, lo que resulta especialmente atractivo para proyectos de vivienda en serie, obras industriales y desarrollos que apuestan a la construcción modular o industrializada.
En paralelo, la soldadura robotizada gana terreno en estructuras metálicas, prefabricados y obras de gran escala. A través de sensores y sistemas de visión artificial, estos robots realizan uniones con una calidad homogénea, reduciendo fallas humanas y mejorando el control técnico de las estructuras. Además de elevar el estándar constructivo, la automatización de la soldadura disminuye la exposición del personal a condiciones peligrosas como altas temperaturas, chispas y gases, reforzando los criterios de seguridad en obra.
Uno de los avances más relevantes en términos de impacto humano es el uso de exoesqueletos industriales. A diferencia de los robots autónomos, estos dispositivos son utilizados directamente por los trabajadores y están diseñados para asistir el movimiento corporal. En tareas como el levantamiento de cargas, trabajos prolongados con brazos elevados o esfuerzos posturales repetitivos, los exoesqueletos reducen significativamente la carga física, ayudando a prevenir lesiones musculoesqueléticas y a disminuir la fatiga acumulada.
La incorporación de estas tecnologías está modificando la dinámica tradicional de la obra. Los robots se ocupan de los trabajos más exigentes y repetitivos, mientras que los operarios se especializan en la supervisión, el manejo de equipos, el control de calidad y la resolución de situaciones no estandarizadas. Este modelo híbrido no solo mejora la eficiencia general del proyecto, sino que también eleva el perfil técnico del empleo en la construcción.
Si bien la adopción de robótica en obra todavía avanza de manera gradual, la tendencia es clara y difícil de revertir. La necesidad de reducir costos, cumplir plazos cada vez más ajustados y mejorar las condiciones laborales está acelerando la transformación tecnológica del sector. La obra del futuro no será completamente automatizada, pero sí estará marcada por una convivencia cada vez más estrecha entre personas y máquinas, con el objetivo de construir mejor, más rápido y de forma más segura.