Mercado inmobiliario
El mercado inmobiliario renueva expectativas y mira el 2026 como año bisagra
El mercado inmobiliario de Argentina comienza a mostrar señales positivas y se encamina para un 2026 en el que muchos actores definen como un año inflexión. La expectativa de una macroeconomía más estable, una inflación que seguirá en retroceso y la consolidación del crédito hipotecario aparecen como los principales factores que podrían reactivar la demanda y reordenar precios.
Si bien el escenario aún presenta desafíos, los referentes del sector coinciden en que se concolidará el crecimiento y que se abre una etapa de recuperación gradual y selectiva, con comportamientos diferenciados según segmentos.
2026, un escenario bisagra para el crédito y la demanda
Para Darío Rizzo, CEO de Alternativa Propiedades, el próximo año puede marcar un verdadero cambio de ciclo. “Veo a 2026 como un escenario bisagra, comparable a lo que ocurrió en 2015”, afirma. Según su análisis, una desaceleración sostenida de la inflación y un contexto macroeconómico más previsible permitirían que los bancos vuelvan a ofrecer líneas de crédito hipotecario con mayor alcance.
Rizzo proyecta que hacia marzo podría verse una activación más concreta del financiamiento y estima una inflación anual sensiblemente menor, por debajo del 20%. De consolidarse ese escenario, sostiene, se ampliaría de manera significativa la base de compradores y se aliviaría parte de la presión que hoy enfrenta el mercado de alquileres.
Segmento premium firme y ajustes pendientes en el mercado tradicional
Desde otra mirada, Oscar Puebla, titular de Puebla Inmobiliaria, señala que el mercado ya dejó atrás la parálisis, aunque advierte que persisten tensiones en la formación de precios. “El segmento premium siguió validando valores altos, con operaciones relevantes en zonas consolidadas, pero el mercado tradicional mostró mayor resistencia”, explica.
Según Puebla, muchos propietarios todavía no lograron trasladar plenamente los nuevos niveles de costos a los precios de venta, lo que genera un proceso de ajuste más lento y selectivo. En ese contexto, las operaciones avanzan, pero con mayor negociación y cautela.
Expectativas positivas, condicionadas a la estabilidad macro
En la misma línea de optimismo moderado, Pablo Barrera, team leader y gerente comercial de Alto Grande Desarrollos y M&M Propiedades, considera que el sector mantiene buenas perspectivas a mediano plazo, siempre que el escenario macroeconómico logre estabilizarse.
“Una mayor previsibilidad tendría un impacto positivo sobre el mercado inmobiliario porteño, que todavía conserva un alto potencial de crecimiento y margen para recuperar el valor del metro cuadrado”, señala.
Proyectos en pozo, el motor de las ventas
Barrera destaca además el buen desempeño de los proyectos en pozo con financiamiento propio de las desarrolladoras, que hoy concentran los niveles más altos de ventas. “Los esquemas de anticipo y cuotas a 24 o 36 meses permiten sostener la demanda”, explica.
Este tipo de desarrollos logra amortiguar la volatilidad financiera y ofrece previsibilidad al comprador, mientras que el resto de las operaciones permanece más expuesto a los vaivenes del contexto económico.
El real estate vuelve a ser refugio de valor
Desde una mirada enfocada en el largo plazo, Marisa Koifman, directora de Branson Real Estate, aporta una visión positiva para el desarrollo y la inversión. Según su análisis, el nuevo escenario macroeconómico comienza a generar condiciones más favorables para la toma de decisiones, especialmente en proyectos bien ubicados y de alta calidad.
Koifman sostiene que, con mayor previsibilidad y reglas más claras, el inversor vuelve a mirar al real estate como refugio de valor y oportunidad de crecimiento, tanto para resguardar capital como para apostar a desarrollos que combinan diseño, eficiencia y potencial de apreciación sostenida.