lunes 9 de febrero de 2026

Actualidad

La actividad de la construcción mostró señales de recuperación al cierre de 2025

El sector logró revertir parte de la fuerte caída del año previo y mostró señales de estabilización hacia el cierre del año. Aunque la mejora es heterogénea y todavía frágil, los datos oficiales confirman un cambio de tendencia que reabre expectativas para 2026.

La actividad de la construcción mostró un rebote significativo en diciembre y cerró 2025 con un crecimiento acumulado del 6,3%, de acuerdo con los últimos datos del Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) publicados por el INDEC. El dato representa un giro relevante luego de un 2024 marcado por una fuerte contracción del sector, atravesado por la parálisis de la obra pública, el ajuste fiscal y la caída de la inversión.

En el último mes del año, la construcción registró una suba mensual del 3,8% en términos desestacionalizados, lo que confirma una mejora respecto de noviembre. En la comparación interanual, diciembre mostró un avance del 2,9%, consolidando una secuencia de variaciones positivas que comenzaron a observarse hacia el segundo semestre. El comportamiento de la serie tendencia-ciclo también acompañó este movimiento, reflejando una desaceleración de la caída y un incipiente cambio de fase.

El resultado anual cobra mayor dimensión si se lo observa en perspectiva. En 2024, la actividad había sufrido un derrumbe cercano al 27%, uno de los peores registros de las últimas décadas. Frente a ese piso bajo de comparación, la mejora de 2025 aparece como una recuperación parcial, más asociada a una recomposición gradual que a un crecimiento expansivo pleno. Aun así, el dato marca un punto de inflexión para un sector que venía muy golpeado.

El consumo aparente de insumos para la construcción mostró un comportamiento dispar, reflejo de un mercado que avanza de manera desigual. Mientras algunos materiales vinculados a obras de mayor escala o a segmentos específicos exhibieron fuertes subas interanuales, como los artículos sanitarios, los productos de acero y determinados insumos industriales, otros componentes tradicionales, como ladrillos, mosaicos o revestimientos cerámicos, continuaron mostrando caídas frente a los niveles de 2024. Esta dinámica sugiere que la recuperación no fue homogénea y que conviven nichos activos con otros aún retraídos.

En paralelo, los indicadores complementarios aportan señales mixtas pero relevantes. El empleo registrado en la construcción privada mostró una leve mejora interanual hacia fines de 2025, mientras que la superficie autorizada por permisos de edificación creció a tasas de dos dígitos, un dato que suele leerse como un anticipo de mayor actividad futura. Sin embargo, estos avances todavía no alcanzan para hablar de un despegue generalizado y siguen condicionados por el acceso al financiamiento y la evolución del contexto macroeconómico.

Las expectativas empresariales reflejan ese clima de cautela. La mayoría de las compañías del sector, tanto en obra privada como pública, prevé que el nivel de actividad se mantenga estable durante el primer trimestre de 2026, con una proporción menor que anticipa una expansión. El rebote existe, pero aún no se traduce en una visión de crecimiento sostenido en el corto plazo.

En este escenario, el cierre positivo de 2025 aparece como una señal alentadora, aunque frágil. La construcción logró dejar atrás el momento más crítico y comenzó a recomponerse, pero lo hizo de manera selectiva y con ritmos desiguales. La consolidación de esta recuperación dependerá de variables clave en 2026: la evolución de la inversión privada, la reactivación de proyectos, la estabilidad de los costos y el rol que finalmente juegue la obra pública en el nuevo contexto económico.

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