jueves 1 de octubre de 2026

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Cuánto cuesta construir una casa en 2026 y cómo ahorrar millones sin resignar calidad

Levantar una vivienda de 130 metros cuadrados demanda entre $155 millones y $182 millones, según el sistema constructivo y las características del proyecto.

Construir una casa en 2026 requiere mucho más que contar con el capital necesario. La planificación, la elección del sistema constructivo y la definición anticipada de cada detalle del proyecto se convirtieron en factores determinantes para evitar desvíos presupuestarios y garantizar la finalización de la obra.

En un contexto con costos de construcción en dólares considerablemente más elevados, las familias modificaron sus prioridades. Ahora, la tendencia apunta a viviendas más compactas, proyectos cuidadosamente definidos y una mayor atención a los gastos de ejecución y mantenimiento.

"Hoy el cliente prioriza terminar la obra antes que empezar una casa más grande", explica Horacio Ludigliani, arquitecto y director de Grupo Ludigliani. Según el profesional, actualmente se construyen menos metros cuadrados y se analiza con mayor detenimiento cada decisión, con proyectos que prácticamente quedan definidos antes de comenzar los trabajos.

Cuánto cuesta construir una casa de 130 metros cuadrados

Los valores actuales reflejan la magnitud de la inversión necesaria para levantar una vivienda. En el caso de la construcción tradicional, el costo se ubica entre US$ 1.500 y US$ 1.600 más IVA por metro cuadrado para una casa estándar de 130 metros cuadrados, sin contemplar el terreno.

Por su parte, la construcción en seco presenta valores de entre US$ 1.335 y US$ 1.400 por metro cuadrado, con una referencia cercana a los $1.850.030 por metro cuadrado, incluidos honorarios e impuestos.

Sin embargo, la diferencia histórica entre ambos sistemas se redujo considerablemente. "A principios de año era entre un 12% y un 15% más económico que la construcción tradicional. Hoy esa diferencia prácticamente desapareció porque la demanda hizo subir los costos", señala Ludigliani.

El arquitecto observa que el encarecimiento de la construcción también modificó la manera en que las familias diseñan sus viviendas. Mientras que anteriormente era habitual incorporar ambientes adicionales durante el desarrollo del proyecto, ahora se busca optimizar cada superficie para evitar gastos innecesarios.

"Hace algunos años era habitual escuchar 'hagamos una habitación más y después vemos'. Hoy ocurre exactamente lo contrario. Se eliminan los ambientes que no son realmente necesarios porque cada metro cuadrado adicional cuesta entre US$ 1.400 y US$ 1.600", sostiene.

Esta transformación también alcanza a la organización de las obras. Para el especialista, una de las principales diferencias respecto de años anteriores es que las decisiones deben tomarse antes de comenzar la construcción y no durante su ejecución. "Cada cambio de planos que aparece cuando la casa ya está en marcha termina costando muchísimo dinero", advierte.

Las decisiones que pueden ahorrar millones

La planificación es uno de los principales instrumentos para controlar el presupuesto. Definir las terminaciones, estudiar las características del terreno y seleccionar el sistema constructivo antes de iniciar los trabajos permite anticipar gastos y reducir imprevistos.

En este sentido, Ludigliani advierte que las elecciones estéticas pueden tener un impacto significativo en la inversión. Pasar de terminaciones estándar a premium puede incrementar aproximadamente un 30% el costo de la vivienda. A su vez, un terreno con problemas de suelo o presencia de napa freática puede consumir alrededor del 10% del presupuesto antes de levantar la primera pared.

Por eso, considera fundamental contar con un proyecto ejecutivo completo, que contemple tanto las necesidades de los propietarios como las particularidades del lote y las condiciones técnicas de la construcción.

"Lo que más encarece una obra son los cambios de proyecto, las terminaciones que se eligen sobre la marcha y la falta de un proyecto ejecutivo bien desarrollado. Improvisar siempre sale más caro", remarca.

Llave en mano o administración: qué modalidad conviene

Otro aspecto central al momento de construir es elegir cómo se administrará la obra. De acuerdo con Ludigliani, la alternativa más conveniente depende del perfil del propietario, su disponibilidad de tiempo y su capacidad para involucrarse en las distintas etapas.

La modalidad llave en mano permite acordar previamente un precio y delegar la gestión integral en una empresa constructora. Si bien ofrece mayor previsibilidad y reduce la participación cotidiana del propietario, suele representar un costo entre un 15% y un 25% superior.

"Es la alternativa ideal para quien privilegia previsibilidad y quiere involucrarse lo menos posible en la obra", explica el arquitecto.

En cambio, la construcción por administración, con un profesional a cargo, permite comprar directamente los materiales y contratar cada rubro por separado. Esta modalidad puede generar un ahorro de entre el 10% y el 15%, aunque exige mayor dedicación para tomar decisiones, coordinar proveedores y controlar el avance de los trabajos.

También existe la posibilidad de contratar únicamente la mano de obra con dirección profesional. Sin embargo, Ludigliani advierte que esta opción no necesariamente resulta más económica, especialmente cuando el propietario carece de experiencia en la coordinación de gremios y el control de calidad. En esos casos, los errores de ejecución y los problemas de organización pueden derivar en sobrecostos que terminan anulando el ahorro inicial.

Construcción tradicional o en seco: diferencias de costos y tiempos

La distribución de los gastos también varía según el sistema constructivo elegido. En una obra tradicional, aproximadamente la mitad del presupuesto se destina a materiales y la otra mitad a mano de obra. En la construcción en seco, en cambio, los materiales representan cerca del 60% de la inversión, mientras que la mano de obra concentra entre el 30% y el 40%.

Esta composición permite que el sistema en seco tenga una menor exposición relativa a las actualizaciones salariales, aunque su competitividad económica depende de los precios de los insumos y de la demanda.

Para Ludigliani, las diferencias entre ambos métodos ya no están relacionadas necesariamente con la calidad o la durabilidad, siempre que los trabajos se ejecuten correctamente. "Cuando están correctamente ejecutados, tanto una vivienda tradicional como una construida en seco ofrecen una durabilidad superior a los 50 años y requieren un mantenimiento muy similar", afirma.

La principal ventaja de la construcción en seco continúa siendo la velocidad de ejecución. Según el especialista, permite reducir los plazos entre un 30% y un 40% y facilita las ampliaciones futuras, ya que requiere menos demoliciones y modificaciones estructurales.

Los rubros que requieren mayor atención

Dentro del presupuesto de una vivienda, las fundaciones, las carpinterías y las instalaciones son algunos de los componentes que requieren una planificación especialmente cuidadosa. "Una fundación mal resuelta puede duplicar costos. Las aberturas representan entre un 15% y un 20% del presupuesto y hacer instalaciones cuando la obra ya avanzó puede costar hasta tres veces más", advierte Ludigliani.

Por ese motivo, el arquitecto destaca la importancia de resolver anticipadamente las cuestiones técnicas y evitar modificaciones cuando los trabajos ya están avanzados. La elección de las aberturas, por ejemplo, debe considerar no solo su precio, sino también su eficiencia energética, durabilidad y relación con el diseño general de la vivienda.

Otro factor que incide en el presupuesto es la ubicación del terreno. Construir dentro de un barrio privado puede representar un sobrecosto de entre el 10% y el 20% respecto de un lote abierto, debido a los reglamentos internos, los permisos, las restricciones horarias y las exigencias logísticas que condicionan el desarrollo de los trabajos.

Cuánto dinero se necesita para construir en 2026

Los montos son referencias para una vivienda estándar y pueden variar según las terminaciones, las condiciones del terreno, el proyecto y la modalidad de contratación.

Los valores muestran que la elección del sistema constructivo, por sí sola, no garantiza una reducción significativa de los costos. La diferencia final depende de múltiples variables, entre ellas la complejidad del proyecto, los materiales seleccionados, la organización de los trabajos y el nivel de terminaciones.

En este escenario, el asesoramiento profesional adquiere un papel relevante. Además del diseño y la dirección de obra, los arquitectos pueden intervenir en la optimización de superficies, la negociación con proveedores, la prevención de errores constructivos y la preparación de documentación para eventuales solicitudes de créditos hipotecarios.

"Muchas veces un buen proyecto hace ahorrar más dinero del que cuestan los honorarios profesionales", destaca Ludigliani.

Cómo son las casas que se construyen actualmente

Las preferencias de los propietarios también reflejan una transformación en el diseño de las viviendas. Según el arquitecto, actualmente predominan los proyectos de entre 100 y 140 metros cuadrados, con espacios integrados, dos o tres dormitorios y galerías conectadas con los ambientes interiores.

A su vez, crece el interés por la eficiencia energética, el bajo mantenimiento y la reducción de los gastos cotidianos. La elección de materiales, las características de las aberturas y la orientación de los ambientes son aspectos que inciden tanto en el costo inicial como en el consumo futuro de la vivienda.

"Hoy las familias preguntan cuánto consume la casa, cuánto cuesta mantenerla, cuánto tarda la obra y cómo evitar sorpresas durante la ejecución. Esa mirada es mucho más racional", explica Ludigliani.

Para el director de Grupo Ludigliani, el principal desafío de construir en 2026 consiste en alcanzar un equilibrio entre inversión, calidad y previsibilidad. La posibilidad de ahorrar millones no depende exclusivamente de encontrar materiales más económicos o elegir un sistema constructivo determinado, sino de evitar decisiones tardías, aprovechar eficientemente los metros cuadrados y contar con una planificación integral.

"El verdadero desafío ya no es solamente conseguir el dinero para construir. Es empezar con un proyecto completamente definido, respetarlo durante toda la obra y llegar al final sin desviarse del presupuesto. Ahí está la diferencia entre una obra exitosa y una que termina costando mucho más de lo previsto", concluye.